El Museo

Boca del Hombre y corazón de Pueblo

El título general de la muestra permanente sobre Antonio Esteban Aguero resume concepciones substanciales y abarcadoras de su decir poético.

 

Recupera la línea final de su poema “Digo los oficios” donde justamente el poeta celebra y enumera los haceres y quehaceres (todos oficios de la cultura rural)  nacidos “bajo la luz de su país pequeño” y al nombrarlos lo hace “con emoción de corazón fraterno”.

 

El poema culmina con una cuarteta donde incluye también su cualidad de poeta como un oficio más que lo identifica con los demás mencionados en su largo poema:

…. Y también este oficio que me vino

por arterias de música y de sueño

y me ha dado la dicha de sentirme

boca del Hombre y corazón del Pueblo.

En el texto original Agüero utiliza la mayúscula al escribir Hombre y Pueblo.

En su concepción la palabra Pueblo no remite a “masa indiferenciada” sino que se conecta  más bien a la idea del habitante de un lugar, unido al resto por una historia común, una lengua, una geografía, una idiosincrasia , una vecindad. El hombre de pueblo como poblador, aquel que él identifica y perfila en su “Un hombre dice su pequeño país”. El Hombre de Aguero es una “individualidad”.

 

Cuando  él declara ” … desde mis primeros años  me dolía que mi tierra permaneciera callada, que todo esto a lo cual me sentía unido como por ancestrales raíces fuese a desaparecer para siempre un día cualquiera sin que nadie lo hubiese expresado en el plano perdurable del arte….” Está manifestando su voluntad de hacerse cargo de ese posible olvido y ser Boca del Hombre, la voz de todos, el intérprete de esos silencios o voces balbuceadas en tono bajo.

Antes había dichoQué lindo es ser por veces /  un corazón que canta”.

 

Agüero cuando se autodefine como “Boca del Hombre” se arroga el lugar del poeta, aquel que sabe destacar en palabras el decir  vacilante o el silencio de los otros.

 

“El corazón del pueblo” es ese sentir que se expresa en actitudes, en gestos de nobleza y verdad, pero que al no poseer el don de la palabra ( como el poeta la tiene) se queda subsumido en su silencio expresivo.

 

El poeta es el que “Dice”, el que “Los dice” y en esa voluntad poética los hace parte de su propia utopía: la de hacerse visibles ante la historia.