Pastorales (1939)

 XXIV

CANCIÓN PARA AMAR

EL AGUA

Yo sé que tiemblo mirando
cuando el agua, frágil, pura,
desovilla por las rocas
su hilillo de viva luna.
Quien no ha mirado la acequia
en una noche nocturna
—digo así pues sé de noches
que no son noches nocturnas—,
ignora toda belleza,
toda canción y hermosura.

El agua, el agua nos borra
toda trágica pregunta,
nos deja el alma lo mismo
que una muchacha desnuda.
A poco de estar con ella
la vida imita su música,
el pulso copia su ritmo,
la boca su charla pura.
Agüita, agüita de acequia,
acequia de agua montuna,
sonrisa de mis lugares
tercos de pircas y tunas.

Pastorales, 1939

(Fragmento).

PLAZA

Plaza en la tarde. Plaza de sol y verdura.
Me enamoré en la plaza un diciembre lejano.
El agua de la acequia gustaba su ternura
en acunar las hojas, y el sopor del verano.

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El sol quemaba, loco. Y en el prieto follaje
una paloma daba sus lecciones de amor.
Desde los cerros ocres nos llegaba el mensaje
de la menta, que era como una carta de olor.

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Plaza de la tarde. Plaza de sol y de verdura.
Cuando gozo tu sombra dorada en el verano
y miro el sol, y escucho la voz del agua pura,
me siento el niño triste del diciembre lejano.

Pastorales, 1939. (Fragmento).