Un hombre dice a su pequeño país

Publicado en 1972

Yo era niño -recuerdo- y la primera
memoria verde se remonta al Mate,
en mi casa de Merlo, donde el día
comenzaba a girar cuando mi Madre
sorprendía el hervor de la tetera
entre volutas de vapor quemante:
Y era luego la lenta ceremonia,
vieja suma de gestos y ademanes,
aquel ir y venir de la cuchara,
la visión del azúcar, el fragante
esplendor de la Yerba, la bombilla
con doradas virolas y espirales,
y el porongo de plata que tenía
curva de seno adolescente y grácil,
y cobraba, de pronto, en la penumbra
nítida luz de religioso cáliz;
Ubre dulce me fue, mi vino verde,
mi pan primero, mi nodriza amante.

“Digo el mate”. Un hombre dice su pequeño país, 1972. (Fragmento)

I BOCA DEL HOMBRE CORAZÓN DEL PUEBLO

Bienvenida

Y también este oficio que me vino
por arteria de música y de sueño
y me ha dado la dicha de sentirme
boca del Hombre y corazón del Pueblo.

“Digo los oficios”. Un hombre dice su pequeño país, 1972. (Fragmento).

DIGO LA MINGA

El trabajo en la Minga se vuelve como fiesta,
como reunión de gentes unidas por la danza;
no lo paga moneda de níquel ni banquero,
sino perfume y gloria de dulce Democracia.

 

Allí todos son hombres como en los viejos días
de la tribu primera cuando todo era santo:
la luz, el aire, el fuego, las cercanas estrellas,
el rumor de los ríos, el verdor de los pastos.

 
Hombres no más, vistiendo los puros atributos:
el corazón, las manos, la mente pensadora,
y el sexo con las claras abejas susurrantes
donde la sangre inicia su color de amapolas.

 

Hombres no más, el Hombre que se siente el hermano
del Hombre, de las cosas de la tierra y el cielo,
de pie como los árboles que dan nidos y sombra,
con la morena frente desnuda de alfabetos.

Nadie era el amo allí; todos eran obreros
con la luz en el pecho del hombre solidario;
nadie mordía el agrio rencor y la amargura
del que siente en el cuello dogal de proletario.

 

De vez en vez el mate su círculo cerraba
y la caña brindaba su beso estimulante,
mientras la Obra iba creciendo entre las manos
como crecen las frutas de cáscara brillante.

 

Cuando la luz hería las venas del Poniente
y en el oscuro pasto los grillos despertaban,
bajo la noche nueva del tala o la morera
guitarras esparcieron el polen de la Zamba…

Un hombre dice su pequeño país, 1972.(Fragmento)

BIENVENIDA

Las ciudades ignoran su gusto americano,
y muchos ya no saben su sabor argentino,
pero ella será siempre lo que fué por el Inca:
nodriza de los pueblos en el páramo andino.

“Digo la mazamorra”. Un hombre dice su pequeño país, 1972. (Fragmento).

LUZ AMERICANA

El Pueblo te acompaña cada vez que la comes,
llega a tu lado, ¿sabes?, se te pone al oído
y te murmura voces que suben a tu sangre
para romper la niebla del mortal egoísmo.

 

Porque eres uno y todos, comiendo el alimento
de todos, en la fiesta del almuerzo tranquilo;
la Mazamorra dulce que es el pan de los pobres,
y leche de las madres con los senos vacíos.
Cuando la comes sientes que la tierra es tu madre,
más que la anciana triste que espera en el camino
tu regreso del campo, la madre de tu madre,
-su cara es una piedra trabajada por siglos-.

Las ciudades ignoran su gusto americano,
y muchos ya no saben su sabor argentino,
pero ella será siempre lo que fue por el Inca:
nodriza de los pueblos en el páramo andino.

La noche en que fusilen canciones y poetas
por haber traicionado, por haber corrompido
la música y el polen, los pájaros y el fuego,
quizás a mí me salven estos versos que digo…

“Digo la mazamorra”. Un hombre dice su pequeño país, 1972.

Inmortalizada por Mercedes Sosa en la versión musical de Peteco Carabajal

LUZ AMERICANA

Porque sábado es hoy y la mañana
como una fruta desde el tala cae,
y soy joven y sano, y me navegan
tradiciones y música a la sangre,
quiero ser otra vez entre vosotros
para decir y celebrar el Mate.
De Guarania nos vino con la Yerba
que resume fragancias tropicales,
y ese barro de América que un dìa
vio que llegaban sigilosas naves,
con cadenas, y perro, y arcabuces,
y duras voces vulnerando el aire;

verde Yerba de América, divina
como todas las cosas naturales;
Santa Yerba de América, sembrada
por quien hizo los ríos y las aves,
y tendió la llanura hacia naciente,
y hacia poniente levantó los andes,
y la Coca sembró para los Quichuas,
y el Algarrobo para pan de Huarpe.

“Digo el mate”. Un hombre dice su pequeño país, 1972. (Fragmento)